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...La capital del popular vino, con su singular arquitectura y sus miradores sobre el río, es el punto de partida ideal para conocer el norte de Portugal. El valle del Douro/Duero, en paralelo al río, atravesando comarcas donde las márgenes del río se hallan colonizadas por bancales que, escalando las laderas, permiten cultivar las vides de donde se extraen los vinos -de los mejores de Europa- que luego se llevan a Oporto. Desde su ocupación, que se remonta a la prehistoria, el Valle del Douro, cuenta con multitud de vestigios de los pueblos que allí han vivido. Desde la época de la romanización se desarrolla allí la cultura de los viñedos. El paisaje de los viñedos da testimonio de los modos de organización de la viña en diferentes épocas históricas. En su origen es un paisaje desierto de bosques escarpados, dominadas por la pizarra y por el granito y cubiertos por matas y arbustos típicos de un clima entre el atlántico y el mediterráneo, que se vuelve más seco a medida que caminamos hacia el interior. A lo largo de tres siglos, se han creado técnicas de perfeccionamiento y valorización del terreno que han permitido el cultivo de la vid en condiciones adversas, en cuestas escarpadas y pedregosas, a través de la construcción de terrazas, soportadas por extensos muros de pizarra que ayudan a evitar la erosión. El paisaje ha sido modelado de forma inconfundible, para transformarlo en miles de kilómetros de viñedos. Las inmensas plantaciones de soportes paralelos, sean en terrazas en la horizontal o en viñas a lo alto, o ahora más frecuentemente alternando las dos modalidades, forman majestuosas tapicerías geométricas. Su estratificación escalonada, que rasga la montaña, contrasta con la silenciosa lisura de un río transformado en una sucesión de lagos por la construcción de embalses...
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